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Cristo, el Buen Pastor Imprimir E-Mail
Escrito por (anónimo)   

De las Homilías de San Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

 

Conocer, en la Escritura, no solamente quiere expresar el hecho de conseguir por medio de la propia inteligencia la comprensión de una verdad; conocer no es sólo un procedimiento abstracto, sino también alcanzar a tener con los demás una relación existencial, fundada sobre el diálogo recíproco: conocer es una relación personal. Cristo, buen Pastor, nos conoce porque tiene una relación personal con cada uno de nosotros, por medio del amor: nos ha manifestado su amor muriendo por nosotros. Y nosotros podemos saber si somos de su rebaño, de su grey, si le queremos, si le hemos encontrado, si es una persona viva con la que nos hallamos en relación estrecha, si le ofrecemos el sacrificio de nuestra propia vida. Encontrándole a él, encontramos la felicidad.

 

Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es como si dijese con toda laridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.

 

Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: « Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.

 

Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: «En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí,en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre. »

 

Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mí se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.

Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida .

 

Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino.

 

Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino.

 
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