| Deseo que esta navidad, sea una invitación a reflexionar sobre la familia, nuestra familia en particular. María y José fueron elegidos para cumplir una misión redentora, acogida con humildad, así la palabra de Dios se hizo carne y nace Jesús en un pesebre. La Sagrada Familia debe ser el modelo y centro de nuestra celebración navideña. Demos gracias a Dios por el don de nuestras familias y aprovechemos estos días para orar, reflexionar, disfrutar del hogar, el descanso, agradeciendo por el tiempo y la vida compartida. La Navidad es propicia para que la familia crezca como comunidad de amor y se asemeje cada vez más a la Sagrada Familia de Nazaret. Las palabras del ángel anunciando a los pastores el nacimiento del hijo de Dios, al que luego ellos encuentran en el humilde portal, recostado sobre la paja de un establo, con el amoroso cuidado de María y José, es un llamado a la humildad, en su verdad más simple y absoluta, Jesús nacido en Belén, es el centro de la Navidad. Debemos ir a su encuentro, dejando de lado lo superficial y el consumismo desmedido, que a muchos preocupa y entristece cuando no cuentan con los recursos deseados. Demos una acogida con un corazón humilde a este Dios que se encarna en el niño de Belén, alejando de nuestro alrededor todo aquello que no sea propio del espíritu que da vida a nuestra vida y relega los afectos. Que la fraternidad nos permita ver alrededor y abrir el horizonte en esta mirada a nuestros semejantes, que nuestra oración alcance y fortalezca a los padres de familia que viven el flagelo de la cesantía, a las familias dividas por la separación, a los niños en condición de calle, a los que viven en el lecho del dolor y la enfermedad, a quienes están privados de libertad, a los están lejos del hogar, a nuestros seres difuntos. Como cristianos cursillistas tenemos la misión de ser portadores de vida y esperanza, y en este discipulado transmitir a todos el amor de Dios. Que este llamado se haga vida en nuestros ambientes, especialmente en los sectores más vulnerables, para que todos, a nuestro alrededor, puedan sentir el amor de Dios a través de este niño del pesebre, que ilumina a la humanidad. Pidamos al Señor la Paz para cada uno de nosotros y nuestras familias. La paz es un don que nace de la verdad, la justicia, el perdón y la reconciliación. Que María nos conceda su humildad y mansedumbre, para ser siempre artífices de paz, como verdaderos discípulos del primer misionero. A las puertas de un nuevo año, como asesor diocesano, agradezco a todos quienes este año finalizan su misión como dirigentes, pidiendo apoyo generoso en la oración por los nuevos líderes que guiarán nuestro querido MCC en los distintos centros y zonas de nuestra diócesis. El Señor es sabio y dispondrá muchas voluntades al servicio humilde para siga nuestro caminar de colores. Que este nuevo año traiga abundantes bendiciones. A todos, mis mejores deseos les acompañen, para que tengan una feliz y “Santa Navidad”, que el Niño Dios bendiga sus vidas, sus hogares, y brille en todos los corazones la luz de Belén. De Colores por siempre. Gerhard Franck Montag Asesor Diocesano |